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Reflexiones de liderazgo en un mundo post pandemia

Un mundo vertiginoso, sin tiempo para detenerse, con gran desarrollo tecnológico, de alta automatización de procesos, con vacas que se ordeñan solas, cirugías con robot, camionesmineros manejados con joystick, hogares crecientemente robotizados y de pronto irrumpe el estallido social y este Covid 19 que ha paralizado la economía global y nos recuerda lo frágiles que somos los seres humanos.

¡UFF! ¿Cómo comprender el escenario?

El año 2020 será recordado sin lugar a dudas por la gran pandemia del Covid19, aquel diminuto virus que paralizó al planeta completo como nunca antes había ocurrido en la historia de la humanidad, de alguna manera la máxima expresión de la globalización de la que tengamos memoria. Paralización que producirá efectos dantescos en la economía global, con sus consecuencias de recesión, con bajos niveles de inversión, disminución del consumo, bajo crecimiento económico bajísima confianza en las instituciones desde las eclesiásticas, políticas,  fuerzas armadas, policías, servicios del estado, empresas y todo esto como para hacer una tormenta perfecta con grandes demandas sociales por amplios sectores que se sienten marginados de este  crecimiento.    

Esto constituye un escenario, que los líderes de las Organizaciones no pueden desconocer y claramente no podrán utilizar el consabido…. ¡Es que yo no sabía!……

Si, conocemos el escenario y es desafío de los responsables de la conducción de las empresas y en particular de las más grandes, de revisar su sentido de Propósito reconociendo y siendo parte activa no solo de un crecimiento económico necesario desde luego, sino del desafío de lograr niveles superiores de desarrollo, y esto en algunos casos -sin enjuiciar a cuantos- implica un cambio de paradigma, desde tener solo el foco en  la generación de riquezas para los accionistas a la generación de valor para todos sus stakeholders, incluyendo desde luego a los clientes, colaboradores, proveedores, comunidad y como lo hemos descubierto recientemente y espero que efectivamente sea así, el medio ambiente y la sustentabilidad del planeta.       

En este contexto debemos además considerar que dentro de poco ya seremos miles de millones de personas de todos los continentes conectados mediante dispositivos móviles.  Esto nos plantea múltiples retos como humanidad, ya que se empieza modificar drásticamente nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos.

Inteligencia artificial, robótica,  internet de las cosas, impresión 3D, nanotecnologías, avances en biotecnologías, son parte de un léxico que se ha instalado en todos los espacios de nuestra sociedad.

Todos estos conceptos, son parte de lo que se ha dado en llamar la Cuarta Revolución Industrial  y nos plantea el reto de adaptar todo nuestro quehacer y desde luego nuestras estructuras laborales a la incorporación exponencial de estas nuevas tecnologías en escenarios líquidos caracterizados por la volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad.

Una reciente estimación del Foro Económico Mundial, señala que para el 2022, la creciente automatización total de procesos hará que se pierdan 75 millones de empleos en el mundo. Esto ha sido ampliamente difundido, pero lo que no siempre se señala, es que la misma estimación proyecta, la creación de 133 nuevos millones de plazas de trabajo en el mismo período, por lo que la mirada no es precisamente apocalíptica, sino que por el contrario nos plantea grandes oportunidades que responden eso sí a nuevas necesidades, nuevos retos, nuevas  miradas y por lo tanto nuevos conocimientos, nuevas habilidades y nuevas formas de relacionarnos para alcanzar esos retos.    

¿Es esto nuevo?

La verdad es que si lo consideramos como parte del desarrollo de la humanidad, cada vez que se ha producido una revolución en nuestros procesos de hacer las cosas a partir de innovaciones que han afectado drásticamente el estatus quo, como fue la incorporación del vapor a los procesos productivos, la electricidad posteriormente y el desarrollo de las telecomunicaciones e internet más recientemente, siempre han provocado preocupación y desempleo en aquellos que se desempeñaban en labores, tarea u oficios que fueron desplazados por el nuevo paradigma.

No obstante lo anterior, siempre ha ocurrido que estos nuevos avances han producido más empleos de los que se han perdido y por lo tanto las profecías apocalípticas han quedado sepultadas por avances significativos en el empleo y el desarrollo de la humanidad.

Ahora en todo caso, pareciera que la velocidad y profundidad de estos cambios están modificando nuestra forma de ser y estar en este mundo y eso si es un desafío para todos nosotros y por lo tanto si lo vemos desde la abundancia puede ser verdaderamente apasionante.

Pero no podemos olvidar que esto se da en este escenario post pandemia que hará que nuestras economías avancen a paso lento en escenarios convulsionados.

Entonces ¿Qué debe hacer el líder?

Durante mucho tiempo he sostenido que la principal labor del líder es provocar resultados, creo que esto es cierto, pero para provocar esos resultados hoy como nunca antes se requiere que éste sea capaz de provocar un sentido de propósito en sus colaboradores, una razón un sentido superior de por qué hacer lo que tenga que hacer. Hay quienes ya están hablando de una economía del  propósito y esto es muy esperanzador ya que las nuevas generaciones demandan con urgencia el sentirse parte de algo que les haga sentido.

La invitación entonces es que los líderes se centren en dotar de un sentido superior a sus organizaciones y a sus equipos de colaboradores entendidos estos como una gran red de personas que conversan, coordinan acciones y obtienen resultados bajo un modelo de gestión determinado.      

Como invitación final a esta reflexión para los líderes me parece interesante considerar una reciente publicación de ESADE, dentro de decenas que se han publicado en el último tiempo que señala que un estudio aplicado sobre 1000 empresas, concluyó que las habilidades más valoradas hoy son la capacidad de trabajo en equipo con un 70%, la capacidad de resolver problemas complejos con un 57% y la capacidad para tomar decisiones con un 46%. ¿Cómo andamos por casa?

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